Una obra adaptada y dirigida por Diego Garrido Sanz sobre el texto del joven cineasta norteamericano Fran Kranz. Hablamos con Cecilia Freire, una de sus protagonistas.
-¿Cómo es tu personaje?
Beatriz ha sufrido el atroz asesinato de su hijo Iván. Seguramente habría sido otra persona si no le hubiera ocurrido esta desgracia que fue y es terrible para ella. Es una mujer que, durante seis años ha estado muerta en vida. Sigue adelante como un zombie, sin poder cerrar el duelo de su pérdida. Es una mujer que sobrevive.

-Beatriz no sabe si está preparada para la reunión que tendrá en diez minutos. Su marido Martín la acompaña. Pero el dolor es inmenso. Hace años que no ve cara a cara a Ricardo y Amelia, los padres de Jaime, el asesino de su hijo, que, además, se suicidó después de cometer el crimen…
Es un viaje fascinante. Viajamos por lo peor y por lo mejor del ser humano.
En el escenario están todas las miserias del ser humano: el odio, los instintos de venganza, el miedo pero también hay un recorrido de los personajes hacia la luz y hacia la espiritualidad.
La obra trata de cómo podemos sentarnos a hablar con las personas que más nos han dañado. Habla de cómo podemos reconstruir nuestras vidas e, incluso, perdonar a los otros.

-¿Qué crees que necesita conseguir Beatriz en esa reunión? ¿Cuáles son los principales sentimientos o motivos por los que acude?
En una escena de la obra Beatriz explica que ella ha asistido a la reunión para ver sufrir a los padres del asesino de su hijo. Para que tengan un castigo ejemplar.
Pero también asiste para conseguir algún tipo de explicación, no sobre por qué alguien puede hacer algo así, sino sobre en qué momento sus padres no se dieron cuenta de que su hijo tenía problemas serios. Si fue por culpa de su educación, por su negligencia, si fue por un condicionamiento genético, si tuvo que ver con el Instituto, con el bullying, con Internet, con los videojuegos. Ella va allí a calmar su ansiedad.
-Las dos parejas hablan de la infancia de sus hijos, del acoso escolar, de la soledad, del arrepentimiento y del duelo. ¿De qué otros temas nos habla la función?
También habla sobre lo que pasa con el después de una fatalidad. De cómo siguen “viviendo” esas familias, cómo reciben el odio, las críticas y a veces la pena o la compasión como algo molesto, cómo logran criar a sus otros hijos que siguen vivos, cómo siguen adelante después de esta tragedia, cómo consiguen despertarse cada mañana.
-Comenta Diego Garrido que esta obra “Habla de la tragedia contemporánea porque es labor del teatro. Sin metáforas. Sin filtros. Sin maquillaje. Solo el objeto de análisis y los cuerpos que lo habitan. “¿Qué añadirías al respecto?
Me fascina que plantee el diálogo y la escucha, tan sencillos y tan complicados a la vez en la actualidad. Son cuatro personas que se sientan a hablar y a abrirse y a sacar todo lo que tienen dentro. Y a recibir al otro con lo que él o ella está pasando. Es una obra de teatro sencilla pero en eso es compleja. Y ahí radica su belleza.
-¿Cuáles son los momentos o las escenas de la función que más te gustan?
El comienzo me gusta mucho porque el espectador no sabe muy bien lo que está pasando. Hay cierta confusión de los actores que se extiende al público.
También me gusta mucho cuando aparece un personaje crucial. Es un momento muy mágico. Y me gusta mucho el monólogo final porque no te lo esperas y es como una puñalada en el corazón.
Completan el elenco Jorge Kent, Ignacio Mateos, Esther Ortega, Diego Garrido Sanz y los niños Inés Diego, Abel de la Fuente y Guillermo Yagüe. Fotografías de Geraldine Leloutre. Teatro María Guerrero (Sala de la Princesa).